El coaching ejecutivo es uno de los términos más usados y peor entendidos en el mundo de los recursos humanos. Hay quien lo confunde con la terapia psicológica, quien lo equipara a un curso de habilidades directivas, y quien directamente desconfía de él porque le suena a autoayuda cara. En este artículo intentamos explicar qué es realmente, cómo funciona en la práctica y en qué situaciones tiene sentido contratarlo.
Qué es el coaching ejecutivo ¶
El coaching ejecutivo es un proceso de acompañamiento individual entre un coach certificado y un profesional, generalmente en un puesto de responsabilidad. El objetivo no es que el coach dé respuestas, sino que ayude al cliente a encontrar las suyas propias a través de preguntas, reflexión y herramientas de autoconocimiento. La duración habitual es de tres a seis meses, con sesiones quincenales de entre sesenta y noventa minutos.
En qué se diferencia de la terapia y de la formación ¶
La terapia trabaja con el pasado y con el malestar psicológico. El coaching trabaja con el presente y con el futuro, y parte de la premisa de que el cliente está bien y quiere mejorar algo concreto. La formación transmite conocimiento de forma unidireccional. El coaching no transmite nada: facilita que el cliente descubra lo que ya sabe pero no ha articulado todavía. Son herramientas distintas para momentos distintos.
Situaciones en las que el coaching ejecutivo puede ser útil ¶
Un cambio de rol o de responsabilidad. Una situación de conflicto con el equipo o con la dirección. La sensación de estar estancado sin saber por qué. La dificultad para delegar o para comunicar con claridad. El síndrome del impostor en un puesto de dirección. Ninguna de estas situaciones requiere que algo esté 'roto'. El coaching funciona mejor cuando hay motivación real para explorar.
Qué no es el coaching ejecutivo ¶
No es una solución rápida. No garantiza resultados concretos. No sustituye a la terapia cuando hay malestar psicológico significativo. No es un espacio para que el coach te diga qué hacer con tu carrera. Y no es útil si la persona no tiene disposición real a cuestionarse. Dicho esto, cuando las condiciones son las adecuadas, es uno de los procesos de desarrollo profesional más efectivos que existen.
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